Carta publicada en Metro y el Semanal Digital | 29 de marzo de 2004
Leo con tristeza las declaraciones de Íñigo Ramírez de Haro acerca de su polémica obra “Me cago en Dios”. En ellas el autor dice sentirse “víctima de la censura”.Me gustaría responderle que la presión popular, como la que legítimamente estoy ejerciendo desde estas líneas, no es censura. Porque no me gusta que utilice un título tan ofensivo para millones de personas a sabiendas de que ofende. Y no hace falta ser creyente para sentirse ofendido.
Ahora bien, gracias a las clases de Religión que recibí de pequeño me enseñaron que si perdonamos generamos una increíble fuerza positiva. Me enseñaron también a no crucificar a nadie por mucho que éste me hubiera ofendido. Aprendí cómo escuchar a los que pensaban lo contrario a mis creencias. Y, por supuesto, aprendí que podía amar a mis enemigos.
Y como te deseo todo lo mejor del mundo, haré lo que me enseñaron en esas clases de Religión: rezaré por ti, aunque intelectualmente seamos enemigos. Para mi rezar es algo bueno, y por eso, pienso hacerte este regalo.
Las clases de religión han servido para que millones de personas en España actuemos así. Da igual, si luego han terminado siendo ateas o creyentes. No dejemos que se pierdan.
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