Carta publicada en La Vanguardia, 20 minutos, ABC, El Confidencial Digital, Hispanidad, | 22 de diciembre de 2004
Imaginemos que quitamos las ayudas estatales para la Iglesia católica. Pero para ser objetivos imaginemos más. Por ejemplo: ¿qué pasaría con los casi 45.000 reclusos en prisiones españolas que dejarían de recibir la asistencia de las 140 organizaciones que trabajan en la Pastoral Penitenciaria?
Otro ejemplo más: imaginemos a esos miles de parados, inmigrantes o ancianos que no hubieran recibido los 155 millones de euros que Cáritas lleva repartidos. El año pasado esta organización dedicó casi 18 millones de euros de sus fondos privados a programas de acogida y asistencia, empleo o infancia.
Un último ejemplo: también deberíamos imaginarnos cómo subirían nuestros impuestos –fuéramos creyentes o no– para ver dónde recolocamos al millón largo de alumnos de los centros católicos.
Entonces, ¿qué hacemos? Las declaraciones de Fernández de la Vega, Pedro Zerolo, Josep Borrell o José Blanco promoviendo un sentimiento contrario a la Iglesia católica han sido gratuitas, injustas y falsas.
La Iglesia católica, tanto la jerarquía como las millones de personas de a pie, se merecen mejor consideración, tanto por parte del Gobierno como por el PSOE.
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