Carta publicada en ABC, Estrella Digital | 13 de junio de 2006
No entiendo ni de Hacienda Pública ni de Administración del Estado, por lo que no puedo valorar si el modelo de financiación que plantea el Estatut es insolidario, injusto o inconstitucional, o si Cataluña es o no una nación. Hemos visto y vivido tantos modelos y soluciones, que al final sé que todo es fruto del momento y de las circunstancias que lo rodean.
Lo que sí me preocupa es cómo ha enfocado este Estatut cuestiones que están por encima de la arquitectura doméstica de un territorio: ¿qué entiende por derechos de la persona?
Leo el Estatut y me alarma la vaguedad intencionada cuando trata temas tan importantes como la defensa de la vida (aborto o eutanasia) o la protección de la familia (¿qué es una familia?, ¿hasta qué punto los padres somos libres para educar a nuestros hijos?). Estoy desconcertado. En este Estatut se pretende sustituir el bien común por el peso de las voluntades individuales o la decisión del gobierno de turno. Arbitrariedad absoluta.
Sé que el «sí» ganará. También sé que mi «no» hay quien lo asociará a la derecha, a los independentistas o a motivos religiosos. Da igual, mi conciencia no está para estas disputas.
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