Hecho 1
En la Deutsche Oper de Berlín preparaban una versión de Idomeneo dirigida por Hans Neuenfels, y que incorpora un final libre sobre el libreto original. En este epílogo, Idomeneo, rey de Creta, sale al escenario con un saco en el que porta las cabezas de Buda, Poseidón, Jesús y Mahoma y a continuación, las muestra al público de forma victoriosa colocadas sobre unas sillas.
Hecho 2
Los medios de comunicación han contado la reacción de Kirsten Hamms, la directora artística de la Deustch Oper:
Explicó que a mediados de agosto recibió una llamada del senador de Interior de Berlín, Ehrhart Koerting, en la que le comunicó que la Policía Criminal de la ciudad-estado había recibido una amenaza anónima que, tras hacer las comprobaciones pertinentes, aconsejaban no ir adelante con la reposición del “Idomeneo” de Neunfels.
Koerting “no dio detalles pero habló de un riesgo incalculable. Es más, dijo que a él, amante de la ópera y visitante frecuente de este teatro no le gustaría pasar un día por esta calle y no ver más el edificio”, relató la intendente.
Hecho 3
Ante estas amenazas Kirsten Hamms decide retirar Idomeneo. Según recoge ABC:
La directora artística de la Deutsche Oper, Kirsten Hamms defendió su decisión argumentando que existe demasiada responsabilidad y que no quiere ver en una situación de peligro ni al público, ni a los actores. Sin embargo, la mayoría de los políticos del estado libre de Berlín vieron en esta medida una “capitulación” ante el terrorismo islamista.
Conclusiones
1. Sobre la manipulación lingüística
Considerar que la retirada de esta obra como un acto “autocensura” es otro ejemplo de manipulación. El DRAE es muy explícito en cuanto al término autocensura en su primera acepción:
1. f. Juicio crítico de sí mismo.2. f. Limitación o censura que se impone uno mismo.
Desgraciadamente periodistas de prestigio como Albert Montagut (Diario ADN) o el escenógrafo como Calixto Bieito no conocen la profundidad de esta palabra y se han dejado llevar por esos alarmistas que profetizan el fin de Europa si practicamos la “autocensura”.
Albert Montagut (director del Diario ADN): “Autocensura. Es lo peor de lo peor. La autocensura provocó que la Deutsche Oper eliminara de la programación de otoño la ópera Idomeneo por miedo a la violencia islamista”
Calixto Bieito: “Conozco al director de Idomeneo y estoy convencido de que no ofende a nadie. La autocensura es terrible y lamentable. Kirsten Harms debería dimitir”.
Aquí no se puede hablar de “juicio crítico de sí mismo”. En todo caso de “juicio irracional sobre una realidad”, y cuando se da este tipo de juicio hablamos del miedo físico, y, por tanto, deberíamos hablar de coacción. Reaccionar por coacción o reaccionar por autocensura son hechos distintos, por lo que merecen análisis distintos.
2. La ofensiva laicista
En estos días estamos asistiendo a una gran ofensiva del laicismo más radical que se dedica a tender sutiles trampas a las grandes religiones monoteístas, con el único objetivo de que entren en conflicto entre ellas y con la sociedad. De hecho, si analizamos el “caso Idomeneo” bajo esta perspectiva encontramos las siguientes evidencias:
- los movimientos laicistas más radicales -y que gozan de un enorme peso mediático- exigen un respeto casi-sagrado (menuda contradicción) a la libertad de expresión. Y aún más, si ésta está relacionada con la creatividad de un artista. Sin embargo, estos teóricos de la libertad, le negaron ese respeto hace cuatro días a Benedicto XVI cuando en su discurso de Ratisbona hizo un hermosísimo ejercicio de libertad de pensamiento (ver este mismo blog). A unos, alfombra roja, y a otros, dependiendo de su posición, esos mismos paladines de la libertad, les niegan el pan y la sal.
- Benedicto XVI no retiró su obra. No la rectificó. Se mantuvo en pie a pesar de que, de forma injusta y malintencionada, le llovieron críticas de todos los colores y de todos los tamaños. En lugar de desdecirse y abandonar sus creencias en búsqueda de un falso perdón, fue más lejos de lo que los hombres de a pie hubiéramos imaginado. Pensó en el bien de todos y sin dudarlo convocó a los principales líderes musulmanes en Italia para transmitirles el siguiente mensaje:
Ya he tenido la oportunidad de hablar de ello en la semana pasada. En este contexto particular, quisiera hoy volver a expresar toda la estima y el profundo respeto que siento por los creyentes musulmanes, recordando las afirmaciones del Concilio Vaticano II que para la Iglesia católica constituyen la «Charta Magna» del diálogo islámico-cristiano: «La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia» (Declaración «Nostra Aetate», n.3 )
(…)
«el diálogo interreligioso e intercultural entre cristianos y musulmanes no puede reducirse a una opción temporánea. En efecto, es una necesidad vital, de la cual depende en gran parte nuestro futuro» (Discurso a los representantes de algunas comunidades musulmanas, 20 de agosto de 2005).
3. La confusión de Europa
Europa está confusa y aparentemente convulsa, porque sabe que en su interior conviven los extremistas del laicismo que quiere ver a Dios fuera de la sociedad utilizando cualquier método de provocación posible, con extremistas religiosos que, horrorizados por ese desprecio, son capaces de desenterrar la cimitarra al grito de “Alá es grande”. Entre medio, andamos los católicos –al igual que otras personas-, perplejos por tanta mutua incomprensión.
El laicismo radical, en su obsesiva lucha por arrancar a Dios de la sociedad, se ha especializado en atropellar cualquier signo religioso sin importarle si sus acciones hieren o molestan.
Practican una triple excusa, según sea el caso: por un lado hablan de progresismo social cuando pretenden cargarse una institución como el matrimonio; por otro alzan la bandera de la libertad de expresión bajo el lema “Somos los únicos que la defendemos” y, por último, se presentan como los únicos guardianes de la democracia frente a la intolerancia religiosa islamista.
Este sueño laicista está produciendo deliberadamente monstruos. Criaturas que son bendecidas por sus mismos creadores porque dan sentido a sus metas. “Necesitamos contar con el respaldo de la sociedad. Para ello, hagamos que los ciudadanos y ciudadanas sólo conozcan nuestra realidad a través de titulares y que sus conclusiones sea epidérmicas: he ahí un enemigo nauseabundo”. Es una vieja táctica propagandista que ya practicaron con gran éxito el totalitarismo nazi (el enemigo nauseabundo fueron los judíos) y el totalitarismo comunista (el enemigo nauseabundo se cosificó en la burguesía capitalista) Sin embargo, observo unas diferencias relevantes. Creo ver en la actitud de este propagandismo laicista un objetivo preocupante: “A ver si responden para poder legitimar nuestra meta ante la sociedad: God, go home!”.
No me cabe la menor duda. El lío de Idomeneo es una trampa creado por laicistas radicales para proseguir con su lucha: “lo veis, esa religión es como todas; intolerante y violenta”.
Soluciones
Los que nos consideramos católicos, vemos en Benedicto XVI un ejemplo a seguir. Nos espera una tarea compleja: difundir “la cultura del amor de ida y vuelta”. Ese mensaje que tantas veces aparece en el Evangelio y que tanto nos cuesta practicar: “tú no hieras, protege; y se te hieren, perdona”.
No le veo otra solución a este embrollo que no sea ponerse en la piel del otro para ponernos en camino de la verdadera Paz.
Para saber dónde me muevo realmente al final he tenido que interrogarme… “Bien tío, vale de rollos… pero tú ¿qué hubieras hecho con Idomeneo?”
En el plano práctico y concreto de Idomeneo, personalmente no hubiese retirado la ópera. Una cosa son los provocadores -allá ellos con sus desplantes y fanfarronadas- y otra cosa -totalmente injustificable- son las amenazas y respuestas violentas a esa provocación.
Las ideologías se combaten con la razón y su máxima expresión: la palabra. ¡Que ejemplo más hermoso y práctico nos dejó Juan Pablo II liderando el fin de los comunismos europeos! (Stalin no sabía que las divisiones del Vaticano están comandados por un Capitana de armas tomar…)
Pero es que probablemente, si hubiera sido “presunto director escénico de Idomeneo” hubiera rezado para que mis decisiones estuvieran guiadas por ese “amor de ida y vuelta” del que hablaba antes y que debería impregnar TODA nuestra vida. Por eso, creo que no hubiera enfocado Idomeneo de ese modo tan agresivo.
¿Autoncensura? Sin duda. Y creo que entonces estaríamos hablando de una verdadera expresión de justicia, porque nace de amar al prójimo como a uno mismo. Sin embargo, para que se dé una reflexión de este calado es necesario que previamente me haya puesto, sinceramente, en su piel… Y eso ¡cuesta tanto!
Leave a Reply