¿Es moral la pena de muerte a Sadam Hussein?

Noviembre 6th, 2006
Posted by freedownload

No voy a teorizar sobre la hipótesis geopolítica de los beneficios o perjuicios de ejecutar a Sadam Hussein. Ni tengo conocimientos, ni me parece tan relevante como otro aspecto: la moralidad del hecho en sí.

Siempre he observado la catéquesis de la vida que nos regaló Juan Pablo II como uno de los contenidos más importantes de los últimos 100 años. La profundidad y el rigor de sus planteamientos sobre la defensa de la Vida Humana, han sido mi guía donde recobrar alientos. La radicalidad tan humana, y a la vez tan divina, de sus postulados me han hecho preguntarme hoy ¿es moral la pena de muerte de Sadam Hussein?.

Creo que la muerte es el último acto natural de la vida. Y creo que nosotros no somos ni nadie ni nada para acelerar ese proceso natural. Llámese aborto, eutanasia, investigación con embriones o, incluso pena de muerte.

Da igual que ese feto tenga gravísimas malformaciones que le producirá enormes perjuicios cuando nazca. Merece vivir. Y nosotros protegerle en su padecimiento. Ese feto tiene la misma dignidad -¡¡la misma por ser hombre!!- que el tetrapléjico que pide morir. No podemos caer, guiados por una falsa emotividad, en darle la razón. La vida no nos pertenece, no podemos usar de ella como nos dé la gana. Ni la del prójimo ni la nuestra.

Durante mucho tiempo se ha dicho que la Iglesia Católica ha permitido determinadas “penas de muerte”. Todo el mundo se imagina en qué situaciones se supone que la Iglesia apoyaría esa pena de muerte: monstruos humanos capaces de las mayores de las inquidades contra la vida humana. Los más ignorantes se retrotraerán a la Inquisición para intentar hacer ver que la Iglesia Católica fue una defensora de la pena de muerte.

A costa de repetir errores y mentiras, a veces estos terminan por parecer verdad.

Acuciado por este extremo (¿qué hacer con un monstruoso genocida?) he estado repasando una glosa del Cardenal Rouco Varela sobre el pensamiento de Juan Pablo II en torno a la pena de muerte, una reflexión sobre los puntos 2.266 y 2.267 del Catecismo de la Iglesia Católica (ver reflexión completa)

Solamente el bien de la vida podría legitimar el empleo de la pena de muerte, cuando ésta resulte rigurosamente imprescindible en orden a su defensa y protección eficaz, con la condición previa de que hayan quedado cierta e inequívocamente delimitados el agresor y su culpabilidad. En definitiva, únicamente en el contexto de la legítima y necesaria defensa del derecho a la vida de cada persona –y, por supuesto, todavía con mayor razón, cuando está en juego la vida de varias personas–, y, después de haber agotado todos los demás medios coercitivos y penales incruentos con los que cuenta el Estado, sería aceptable éticamente el uso de la pena de muerte.

El Catecismo de la Iglesia católica, sin embargo –en continuidad con la doctrina expuesta por Juan Pablo II en la «Evangelium vitae»–, añade que hoy en día, dada la capacidad de las sociedades y Estados modernos desde el punto de vista técnico, policial y jurídico para contener, prevenir y punir los delitos con disuasoria eficacia y suficientes posibilidades de reparar el orden jurídico quebrantado, incluso los más graves, como son los que atentan contra el derecho a la vida, sin recurrir a medios cruentos, apenas son hoy previsibles situaciones donde pueda darse seriamente la hipótesis anteriormente explicada de la mencionada necesidad de la defensa del derecho a la vida apelando a la pena de muerte, de forma que de hecho hoy la pena de muerte no es éticamente aplicable ni moralmente justificable en los Estados, tal como se han configurado y desarrollado en nuestros días.

No. No es moralmente aceptable la pena de muerte a Sadam Hussein. Debemos desear que nuestra sociedad -ya no hablo de la occidental, sino de esta sociedad universal que es la del Ser Humano- actúe con “con disuasoria eficacia y suficientes posibilidades de reparar el orden jurídico quebrantado, incluso los más graves” para garantizar su derecho a la vida. Aunque sea un monstruoso genocida.

La web catholic.net lo expone mejor que yo.

En el Catecismo de la Iglesia Católica se exponía el principio de que la pena de muerte no se aceptaba salvo en casos extremos en que se han agotado todos los demás recursos para alcanzar la paz y justicia sociales. Después se publicó otro documento en que se rebatía también esta posibilidad.

Tradicionalmente, la Iglesia ha reconocido que existen circunstancias en las que la pena de muerte podría considerarse defensa propia, y es el único caso en la que estaría justificada. Para ello, deberían cumplirse todas las condiciones que hacen legítima la defensa propia, y que están explicadas en el Catecismo de la Iglesia Católica. Tendría que ser el único camino posible.

Los tiempos modernos abren caminos diversos y más acordes con el Evangelio para salvaguardar la seguridad de la sociedad, con lo que la Iglesia está definiendo cada vez más su postura frente a la pena de muerte. En la última corrección del Catecismo se omite la frase en la que se decía que la pena de muerte podría admitirse “en caso de no existir otra posibilidad”, y se limita a sostener que el gobierno ha de buscar los medios más adecuados para castigar a los criminales. Con esto la Iglesia va estrechando las posibilidades, hacia una condena cada vez más rotunda de la pena de muerte.

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