Como los hobbits, raza noble y de una pieza en la que nos deberíamos mirar de tanto en tanto, me gusta practicar las segundas y terceras rondas. Ellos, con sabia visión de la vida, daban cuenta del primer, del segundo, y hasta, según se terciara, del tercer desayuno.
Nosotros hemos intentado imitarles. Primeras vacaciones -aunque me disgusta darle categoría de vacaciones a un asunto que tuvo más de peregrinación, me he visto forzado a sintentizarlo de este modo ante los amigos- fueron la intensa e indiscriptible semana de Medjugorje. Y ahora las segundas. Una semanita más. Ahora en un pueblo del Baix Empordà: Peratallada, un pueblo medieval precioso.
Excursiones en bici. Muchos paseos. Algunas horas de playa buceando los enanos. Muchas horas de fotografía. Y un deporte excitante: explorar el cielo sin tener ni remota idea de lo que estás viendo: sólo por el puro placer de saberte tan pequeñito y minúsculo en esa aventura tan perfecta que es el Universo.
Dejo algunas fotografías de estos días.
(Desde el pie de Ullastret)

(Iglesia de Ullastret)

(Alex, Xavi y Martona volviendo de la excursión a Pals)

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