Sentimos las próximas elecciones como si fueran a celebrarse mañana.
Llevamos así desde hace cuatro largos y pesados años. Desde que algunos insensatos -políticos, grupos mediáticos, artistas, y un largo etcétera- decidieran que la campaña del 2008 empezaba el día después del 14-M del 2004. Insensatos del PP, PSOE, CiU, IU… no se escapa nadie. Todos provocadores y todos provocados. No hay quien tenga mayor o menor culpa -ya no hablo de responsabilidad, sino de Culpa con C mayúscula- en esta larguísima y brutal precampaña de 4 años: todos tienen la misma culpa.
Y los grandes temas sin tocarse o tocándose rematadamente mal.
Una sociedad se basa y crece no sobre el trazado del AVE. Ni tan siquiera sobre cómo debe ser nuestra participación internacional en zonas en conficto -maldita la hora José María Aznar en que nos decidiste meter en todo este embrollo iraquí.
No. No tiene que ver ni con la cohesión ni solidaridad entre territorios del estado español. Ni con las fórmulas, más o menos avanzadas, de autogobierno. La sociedad no se basa en el modelo económico. Incluso, en un arrebato de exageración, diría que una buena sociedad no se basa en un modelo más o menos democrático.
Todo estos ejemplos que uso para decir qué no es la raíz de una sociedad, son sólo las consecuencias de esas raíces.
Las raíces hay que buscarlas en algo mucho más radical. Mucho más pequeño quizás en dimensión, pero enorme en repercusiones. Y esas raíces hay buscarlas en cómo queremos que sea el presente y futuro de las unidades indivisibles que forman la sociedad: las personas.
Reviso la herencia del PP durante los ¡8 años! de mandato y me quedo con las siguientes preguntas sin respuestas:
El aborto es un atentado frontal a la sociedad. El aborto elimina al realmente débil. No protege a las víctimas. Borra, en todo caso, problemas a corto plazo, para generar a medio y a largo consecuencias terribles: una sociedad que se atreve a devorar a sus propias raíces que le llevaran al futuro, es una sociedad tremendamente egoísta. Una sociedad, que empachada de tanto logro, terminará por canibalizarse.
Ante este planteamiento -que para nada me parece trágico o tremendista- no sé que hicieron los autodenominados democracristianos del PP.
Temo que nada de nada. Bueno sí: mirar hacia otro lado y enfrascarnos en una guerra inmoral. No es de extrañar que esa vieja aspiración de los abortistas feroces que campan por el PSOE hayan visto en esa herencia un gran regalo del PP: “nos han dejado vía libre”.
Mientras el PP se preocupaba por el crecimiento técnico del país, orillaba su crecimiento moral. Mejor económica, peor educación. Mejor sanidad, peor defensa de la vida. Mejor seguridad, peor trato con los inmigrantes.
En definitiva, a mejor situación socioeconómica, más pobres los recursos para proteger el núcleo de la sociedad: la familia.
El PSOE ante ese desierto, ha impuesto con una facilidad pasmosa, su criterio supuestamente progresista, pero que no deja de ser un criterio cavernario que busca confundir en lugar de sumar. Se atreve, en un colmo de cinismo sin igual, a presentarnos a una Iglesia chantajista, ventajista con las ayudas, anclada en criterios del nacionalcatolicismo y con derecho de pernada. Y al lado, IU.
Y entremedio los nacionalistas desnortados buscando un espacio surrealista. Me parece estupendo que haya partidos que luchen por la independencia. Que incluso lleguen a gobernar y que intenten conseguir sus objetivos: siempre y cuando eso no signifique olvidar cuál es su tarea más importante… construir realmente una sociedad más justa.
Da la impresión que a ningún político le preocupa eso. Andan atareados en debates estériles, falsos y cubiertos de una purpurina casposa: “nosotros sí te oímos” parecen decir… cuando en realidad sólo se escuchan a ellos mismos. ¿A alguien le sorprende la galopante riada de abstención? En las últimas elecciones a la Generalitat el voto en blanco se multiplicó por 3. Otro tanto el voto nulo. ¡Miles de personas que viendo el panorama fueron a votar y no vieron otra solución que decirles a los que se presentaban: “no os queremos”!
Quedan pocas semanas y el voto útil -cada vez estoy más convencido de eso- me parece muy cobarde.
“Sino votas a estos, estarás favoreciendo a estos otros, los malos”. Y si voto a los útiles -que triste forma de decir, mediocres- estaré permitiendo que cualquier indocumentado que llega a la política para medrar -necesitaría 3 blogs para poner una décima parte de los nombres- se instalé a costa de mi voto.
Qué triste decisión me queda por delante. Taparme la nariz mientras deposito mi voto.
No. Para mi eso se acabó. Quizás haya llegado el momento de hacerle la puñeta a aquellos partidos -todos- que sólo ven el terruño de un ideario corto y sin vuelo. A los que son españolistas, a los que son marxistas, a los que se llaman democratacristianos y no son ni lo uno ni lo otro, a los nacionalistas, a los separatistas, a los que seguían a Azaña, José Antonio o el Rey no sé qué. A todos -que curiosa coincidencia- que se acuerdan de nosotros para volvernos a decir por enésima vez que “sí, hombre, que somos la única alternativa. Y esta vez, creenos, nos centraremos en lo importante”.
Retomo la idea de Fernando Fernán-Gómez cuando mandó a no sé quien a un sitio tan español y tan usado: a la mierda.
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