Reto a quien sea a que me diga en la Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales de 2008 dónde dice que los católicos debemos votar al PP y castigar al PSOE.
En mi condición de católico me ocupa y preocupa la dirección de los partidos políticos en los temas que me parecen que son los nucleares de una sociedad. No diré nada nuevo porque lo he dicho muchas veces aquí. Esos temas son la defensa de la vida, la defensa de la familia, la política educativa y, todo aquello que tenga que ver, con la justicia social y la defensa y promoción de la paz.
Que la Iglesia, a través de la Conferencia Episcopal, se pronuncie sobre estos temas, no me sorprende ni me escandaliza. Habla a los católicos y a todos aquellos hombres y mujeres de buena voluntad, que sin ser católicos, están abiertos a escuchar.
Si alguien se esperaba que la Conferencia Episcopal iba a aplaudir las leyes del homonomio homosexual, el divorcio express, el temario político de la asignatura Educación para la Ciudadanía, es que no se entera de nada.
Ahora bien, cuando a las puertas de las elecciones, decide emitir una nota sobre aquellas cuestiones que los católicos deben estar alerta para poder decidir a quien votamos, los alarmistas, los tremendistas, los pesimistas, y los mentirosos se echan las manos a la cabeza: “Los obispos hacen campaña contra el PSOE” afirma El País. En este periódico se puede leer:
“Los católicos, remachó -en referencia a la rueda de prensa de Martínez Camino, portavoz de la Conferencia Episcopal- “y todos los que deseen escuchar” a los obispos deben votar a partidos y programas “compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana”. Textualmente, la llamada Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales de 2008, emitida ayer, dice que los votantes deben tener en cuenta “el aprecio que cada partido, cada programa y cada dirigente otorga a la dimensión moral de la vida”.
Me he leído la nota con cuidado. Y no encuentro referencias al PSOE ni al PP que justifique la mentira de El País y otros periódicos, como Público o El Periódico.
Confunden, eso sí, con deliberada intención la actitud de la Iglesia ante el problema del terrorismo. Estos mismos medios hablan de hipocresía de la Iglesia cuando afirman que el Vaticano sabía y promovía la negociación con ETA cuando gobernaba el PP.
Olvidan que la Iglesia española es la única autorizada para dar ese paso, independientemente de la opinión de Roma. Pero aún así, como resumen de su comunión con el Vaticano, cabría recordar que la participación en ese momento histórico fue la de ayudar en el diálogo. Nunca participó en una negociación, porque no la hubo.
Ahora bien, si consideran que si la valoración negativa de la Iglesia es grave, debe ser porque asumen que sí hubo negociación entre el gobierno ZP y ETA.
Han picado en su propio globo sonda.
La Conferencia Episcopal dice a los católicos, y a quien quiera escuchar, que a la hora de ir a votar busquemos en los programas políticos aquellas opciones que sean compatibles con la fe cristiana ¿Eso es hacer política contra el PSOE? Deberán pensar que sí. Que finos están.
Es más, tras ver las últimas declaraciones de Mariano Rajoy, sé positivamente, que siguiendo las indicaciones de esta nota, tampoco puedo votar al PP.
Copio aquí íntegramente el contenido de la nota. Y si hay dudas sobre el origen, aquí el enlace directo a la Conferencia Episcopal:
Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales de 2008
Madrid, 30 de enero de 2008
1. Los españoles hemos sido convocados a las urnas para el próximo 9 de marzo. Como en otras ocasiones semejantes, los Obispos ofrecemos a los católicos y a todos los que deseen escucharnos algunas consideraciones que estimulen el ejercicio responsable del voto. Hablamos como pastores de la Iglesia que tienen la obligación y el derecho de orientar el discernimiento moral que es necesario hacer cuando se toman decisiones que han de contribuir al pleno reconocimiento de los derechos fundamentales de todos y a la promoción del bien común.
2. Con tal finalidad pensamos que es éste un momento apropiado para leer y meditar de nuevo la Instrucción Pastoral aprobada el 23 de noviembre de 2006 por la Asamblea Plenaria de nuestra Conferencia Episcopal bajo el título de “Orientaciones morales ante la situación actual de España”. Recordamos algunas ideas fundamentales de esta Instrucción, que han de ser comprendidas, por tanto, en el conjunto de aquel relevante texto.
3. Respetamos a quienes ven las cosas de otra manera. Sólo pedimos libertad y respeto para proponer libremente nuestra manera de ver las cosas, sin que nadie se sienta amenazado ni nuestra intervención sea interpretada como una ofensa o como un peligro para la libertad de los demás. Deseamos colaborar sinceramente en el enriquecimiento espiritual de nuestra sociedad, en la consolidación de la auténtica tolerancia y de la convivencia en el mutuo respeto, la libertad y la justicia, como fundamento imprescindible de la paz verdadera (n. 81).
4. Si bien es verdad que los católicos pueden apoyar partidos diferentes y militar en ellos, también es cierto que no todos los programas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana, ni son tampoco igualmente cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los cristianos deben promover en la vida pública (n. 50).
5. Los católicos y los ciudadanos que quieran actuar responsablemente, antes de apoyar con su voto una u otra propuesta, han de valorar las distintas ofertas políticas, teniendo en cuenta el aprecio que cada partido, cada programa y cada dirigente otorga a la dimensión moral de la vida. La calidad y exigencia moral de los ciudadanos en el ejercicio de su voto es el mejor medio para mantener el vigor y la autenticidad de las instituciones democráticas (n. 56). No se debe confundir la condición de aconfesionalidad o laicidad del Estado con la desvinculación moral y la exención de obligaciones morales objetivas. Al decir esto no pretendemos que los gobernantes se sometan a los criterios de la moral católica. Pero sí que se atengan al denominador común de la moral fundada en la recta razón y en la experiencia histórica de cada pueblo (n. 55).
6. “Es preciso afrontar - señala el Papa - con determinación y claridad de propósitos, el peligro de opciones políticas y legislativas que contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la defensa de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural, y a la promoción de la familia fundada en el matrimonio, evitando introducir en el ordenamiento público otras formas de unión que contribuirían a desestabilizarla, oscureciendo su carácter peculiar y su insustituible función social” (n. 56). La legislación debe proteger al matrimonio, empezando por reconocerlo en su ser propio y específico (n. 41).
7. No es justo tratar de construir artificialmente una sociedad sin referencias religiosas, exclusivamente terrena, sin culto a Dios ni aspiración ninguna a la vida eterna (n. 13). En ese sentido parece que apuntan, entre otras cosas, las dificultades crecientes para incorporar el estudio libre de la religión católica en los currículos de la escuela pública, así como el programa de la nueva asignatura, de carácter obligatorio, denominada “Educación para la ciudadanía” (n.18), que lesiona el derecho de los padres - y de la escuela en colaboración con ellos - a formar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones religiosas y morales. Es necesario promover un gran pacto de Estado sobre la base de la libertad de enseñanza y la educación de calidad para todos.
8. El terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión moral de la vida justa y razonable. No sólo vulnera gravemente el derecho a la vida y a la libertad, sino que es muestra de la más dura intolerancia y totalitarismo (n. 65). Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población, ni puede tenerla como interlocutor político (n. 68).
9. La Iglesia reconoce, en principio, la legitimidad de las posiciones nacionalistas que, sin recurrir a la violencia, por métodos democráticos, pretendan modificar la configuración política de la unidad de España (n. 73). Al mismo tiempo, enseña que, también en este caso, es necesario tutelar el bien común de una sociedad pluricentenaria y - en palabras de Juan Pablo II a los obispos italianos - “superar decididamente las tendencias corporativas y los peligros del separatismo con una actitud honrada de amor al bien de la propia nación y con comportamientos de solidaridad renovada” por parte de todos. Hay que evitar los riesgos de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública en favor de pretensiones particularistas o reivindicaciones ideológicas (n. 74).
10. En este momento de la sociedad española, algunas situaciones concretas deben ser tenidas muy particularmente en cuenta. Nos parece que los inmigrantes necesitan especialmente atención y ayuda. Y, junto a los inmigrantes, los que no tienen trabajo, los que están solos, las jóvenes que pueden caer en las redes de la prostitución, las mujeres humilladas y amenazadas por la violencia doméstica, los niños, objeto de explotaciones y de abusos, y quienes no tienen casa ni familia donde acogerse. Hay que trabajar también para superar las injustas distancias y diferencias entre las personas y las comunidades autónomas, tratando de resolver los problemas más acuciantes, como son el trabajo, la vivienda accesible, o el disfrute equitativo de la naturaleza, compartiendo dones tan indispensables para la vida como el agua y cuidando con esmero el patrimonio común de la creación (n. 80). En el orden internacional, es necesario atender a la justa colaboración al desarrollo integral de los pueblos.
Que el Señor ilumine y fortalezca a todos para actuar en conciencia y conforme a las exigencias de la convivencia en justicia y libertad.
Marzo 2nd, 2008 at 6:16 pm
[…] Ah… pero si la Conferencia Episcopal, en un documento mesurado y sin insultos dirigido a sus fieles pide que el voto católico analice lo que es moral según la Doctrina de la Iglesia a la hora de elegir el voto: ¡esta es una ingerencia intolerable! Pepe Blanco amenaza. […]