No a la pena de muerte de Khalid Sheik Mohammed

Febrero 12th, 2008
Posted by freedownload

Leo en El País esta noticia sobre la pena de muerte de Khalid Sheik Mohammed, antiguo jefe de operaciones de Al Qaeda que se autoinculpó de ser el ‘cerebro’ de los atentados del 11-S. El fiscal pide la pena de muerte para él y para seis terroristas:

Mohammed, de nacionalidad paquistaní, reconoció haber planeado todo lo relacionado con los ataques, pero su confesión puede resultar problemática si se utiliza como prueba, ya que la CIA ha admitido haberle sometido al waterboarding, la técnica de interrogatorio consistente en introducir en agua la cabeza del detenido para simular el ahogamiento, lo cual está considerado un método de tortura.

Mohammed también reconoció que era el responsable de los ataques sobre el World Trade Center de 1993, la explosión de una discoteca en Bali y un intento de derribar dos aviones estadounidenses utilizando ‘zapatos-bomba’. También confesó haber participado en el decapitamiento del periodista estadounidense Daniel Pearl.

El breve currículum dispuesto por El País pone los pelos de punta.  Un monstruo. Un fanático loco que parece capaz de inmolar a sus propios hijos -ignoro si tiene-  por mor de  sus ideales.

Khalid Sheik Mohammed es un carnicero.

Por otra parte la CIA reconoce haberlo torturado. Otra salvajada más que, junto a la barbarie injustificable de Guántanamo, desautoriza cualquier medida norteamericana de lucha en contra del terror de Al-Qaeda.

Pero por muy carnicero que sea Mohamed, los USA tienen los suficientes medios para evitar que este hombre siga haciendo el mal sin necesidad de privarle de su vida y a pesar de que él haya arrancado de cuajo la vida de, probablemente, miles de personas.

La vida es un don sagrado que nos trasciende. Ni el peor asesino puede ser ejecutado alegando castigo.
Hace unos meses, coincidiendo con la ejecución de Sadam Hussein dije exactamente lo mismo. Y volveré a utilizar los mismos argumentos.

Corto y pego lo que dije en su momento. Hoy más que nunca, para mi estos argumentos siguen estando vigentes. Ni la vida del feto con las peores malformaciones que podamos imaginar ni la vida de este terrible asesino dependen de nuestra voluntad:

Acuciado por este extremo (¿qué hacer con un monstruoso genocida?) he estado repasando una glosa del Cardenal Rouco Varela sobre el pensamiento de Juan Pablo II en torno a la pena de muerte, una reflexión sobre los puntos 2.266 y 2.267 del Catecismo de la Iglesia Católica (ver reflexión completa)

Solamente el bien de la vida podría legitimar el empleo de la pena de muerte, cuando ésta resulte rigurosamente imprescindible en orden a su defensa y protección eficaz, con la condición previa de que hayan quedado cierta e inequívocamente delimitados el agresor y su culpabilidad. En definitiva, únicamente en el contexto de la legítima y necesaria defensa del derecho a la vida de cada persona –y, por supuesto, todavía con mayor razón, cuando está en juego la vida de varias personas–, y, después de haber agotado todos los demás medios coercitivos y penales incruentos con los que cuenta el Estado, sería aceptable éticamente el uso de la pena de muerte.

El Catecismo de la Iglesia católica, sin embargo –en continuidad con la doctrina expuesta por Juan Pablo II en la «Evangelium vitae»–, añade que hoy en día, dada la capacidad de las sociedades y Estados modernos desde el punto de vista técnico, policial y jurídico para contener, prevenir y punir los delitos con disuasoria eficacia y suficientes posibilidades de reparar el orden jurídico quebrantado, incluso los más graves, como son los que atentan contra el derecho a la vida, sin recurrir a medios cruentos, apenas son hoy previsibles situaciones donde pueda darse seriamente la hipótesis anteriormente explicada de la mencionada necesidad de la defensa del derecho a la vida apelando a la pena de muerte, de forma que de hecho hoy la pena de muerte no es éticamente aplicable ni moralmente justificable en los Estados, tal como se han configurado y desarrollado en nuestros días.

No. No es moralmente aceptable la pena de muerte a Sadam Hussein. Debemos desear que nuestra sociedad -ya no hablo de la occidental, sino de esta sociedad universal que es la del Ser Humano- actúe con “con disuasoria eficacia y suficientes posibilidades de reparar el orden jurídico quebrantado, incluso los más graves” para garantizar su derecho a la vida. Aunque sea un monstruoso genocida.

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